Una historia de amor fraternal en la colombia tragica de uribe

Buenos Aires, 5 de noviembre (Télam, por Mora Cordeu).- Cruzada por un escenario real, la Colombia de los años de Alvaro Uribe, la novela "Plegarias nocturnas", de Santiago Gamboa, nos introduce en una historia de amor fraternal que intenta dejar atrás un odio visceral cuyos efectos contaminantes marcaron a una generación.

Recién publicada por Mondadori, la ficción toma encarnadura en tres personajes: Manuel, estudiante de filosofía acusado de tráfico de drogas y preso en una cárcel de Bangkok; Juana, que desaparece en Bogotá y lleva una vida clandestina en su deseo de cambiar el futuro de ambos hermanos; y el cónsul de Nueva Delhi, encargado de contar la historia, en la que jugó un rol central.

Santiago Gamboa (Bogotá, 1965) ha escrito entre otras novelas "Páginas de vuelta", "Perder es cuestión de método", "Tragedia de un hombre que amaba en los aeropuertos" y "Vida en Pekín".

El autor emigró a Europa y vivió en Madrid, París, Roma y ahora en Nueva Dehli. De visita en Buenos Aires dialogó con Télam:

-¿Cuál fue la génesis de la novela?

-Lo primero fue seguir una idea literaria que he venido trabajando en "El síndrome de Ulises" y "Necrópolis", que consiste en hacer historias contadas por sus protagonistas en primera persona. Un carrousel de voces que se dirige al lector como si estuviera hablándole al oído.

En "Plegarias nocturnas" quería llegar a una dimensión más íntima de esa idea y a esto se sumó el deseo de hacer una historia clásica, de dos personas que quieren estar juntas y hay cosas que se interponen con una pincelada de tragedia.

-¿Cómo surgieron los personajes?

-Desde el principio supe que era un amor fraterno, de los más bellos. Manuel y su hermana Juana, a pesar del sufrimiento, se entienden con una sola mirada. En cambio, yo tuve una infancia feliz, mi casa era un oasis para esos amigos que sentían una contradicción generacional tan violenta en el encuentro de padres e hijos en la época de Uribe. Era un adulto cuando la vida política entró en la vida privada de la gente.

-Juana muestra la supervivencia de una mujer en un escenario de violencia...

-En su vida pesa mucho un francés, un hombre mayor que representa una mirada muy cínica, un tipo de personalidad típica en Francia ... el caso de Celine, el escritor que molesta. Tengo una formación muy francesa y la quería introducir en la novela. Ella busca una salida del odio. Fue herida por esa sociedad violenta y sale con las armas que tiene a buscar venganza, a encontrar un camino y escapar. Pero se acerca demasiado al fuego.

-Manuel pinta grafittis en las paredes...

-El grafitti tiene algo que me gusta mucho, la necesidad de expresarse con formas y colores y al mismo tiempo en sí mismo la idea de algo clandestino, anónimo, que se hace por las noches a escondidas de los demás, en la frontera de lo legal. Me parecía que esa forma era perfecta para Manuel, frágil, introvertido y herido, aunque reacciona de una manera distinta a Juana, sangra por dentro.

-El personaje del cónsul remite a novelas clásicas, Marguerite Duras, Malcom Lowry...

-También Osvaldo Soriano, en "A sus plantas rendido un león", tiene un cónsul. Por respeto a Lowry el mío es ligeramente alcohólico, no tan dipsómano. Me gusta que lo que escribo esté en relación con mis obsesiones. Mis personajes redondean cierta ausencia en su vida debido al hecho de que no son creyentes. Cierta espiritualidad focalizada en la literatura, que son sus plegarias laicas.

-Esos capítulos de la `inter-neta` que cruzan la historia en el libro no aparecen como una disgregación, ¿esa fue tu idea?

-Justamente, mi sentimiento original era hacer como un coro en la tragedia griega, una voz que subrayara uno de los aspectos, que pudiera anticipar o acentuar algo de la historia central. Es un libro clásico pero que refiere a cosas muy contemporáneas.

-Otro tema que aparece es el de las ciudades..

-Sí, desde todo punto de vista, de hecho la novela comienza con la referencia de que todas las ciudades tienen "un olor bastante definido" y la historia central transcurre en Bogotá y luego en ciudades asiáticas, referidas unas a otras por la temporalidad.

-El viaje es otra coordenada de la novela, pero no como turismo.

-Claro, porque los personajes no hacen turismo. Horacio Quiroga dice: `Nunca escribas nada que no sea importante para los personajes`. Ellos están en una búsqueda, casi en una fuga. Se detienen lo justo. Tienen la mirada de las ciudades de paso.

-Tu novela no admite a un lector pasivo, ¿por qué?

-Me gusta que el lector tenga un cierto nivel de compromiso con la historia, vengo de una generación donde la literatura es un trabajo estético que se cumple entre el autor y el lector. Esa idea de literatura como entretenimiento no acaba de depositarse en mí, formo parte de una mirada que entrecruza dos imaginarios. Y tengo la sensación de que ese mundo se termina.

-Un personaje pregunta sobre el sentido de ser escritor y de ser escritor latinoamericano. Algo que tu generación no ha tenido es la necesidad de poner esa marca en el orillo de su escritura.

-Mi generación se liberó un poco; Jorge Volpi dice que la literatura latinoamericana como tal dejó de existir. Al tratar de no incluirse en un sello, los escritores buscan ser vistos fuera del continente. Yo leo a Malraux no porque es francés sino porque me gusta. No tenemos que satisfacer los estereotipos de nadie.

-El libro está cruzado por citas literarias, como la de Rimbaud: "En la aurora, armados de una ardiente paciencia, entraremos a ciudades espléndidas"...

-Rimbaud fue profético, señaló el camino hacia dónde debíamos mirar inclusive los novelistas, y dijo: miren las ciudades. Es un espacio privilegiado para la novela porque allí viven los seres anónimos y se encuentran los desconocidos. (Télam).-

mc-boc

05/11/2012 15:20

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